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domingo, 8 de febrero de 2009

River Plate 2 Colon 2

Ganaba 2-0, tenía un hombre más y no pasaba sobresaltos, pero Colón lo amargó sobre el final con dos bombazos desde afuera del área. Cabral (ST 12m) y Falcao (ST 24m) marcaron para los locales. Capurro (ST 32m) y Prediger (ST 47m) fueron los héroes de la reacción santafesina. Fue expulsado Aguilar (PT 44m) en la visita.

No hay caso. No puede sonreír, River. En ocasiones, como esta tarde o sus últimos superclásicos, hasta pareciera que no lo tiene permitido, que cuando hay viento a favor tiene que sobrevenir la tormenta y la desgracia. El equipo de Gorosito, quien tuvo su bautismo oficial como entrenador, ganaba 2-0 sin sobresaltos y jugaba con un hombre más desde el final del primer tiempo, pero Colón pateó dos veces desde afuera del área en la totalidad del complemento y le alcanzó para volver amargar a los muchachos de la banda roja sobre el pecho. Historia conocida, el Monumental rabió una vez más. Y en la escena final se dejó ganar nuevamente por el clamoroso pedido por Ortega.
Nada hacía presagiar la angustia del cierre, pero hoy se terminó de confirmar que con River, con este River, nunca se sabe. Corrían 30 minutos de la segunda parte y los locales se imponían con comodidad, tenían ventaja numérica de jugadores sobre la cancha, Colón prácticamente no cruzaba la mitad, Rosales (solo, se lesionó el tobillo en la jugada que derivó en el segundo gol) ya había salido aplaudido y Buonanotte, ovacionado después de mucho tiempo, lo hizo enseguida. Hasta que apareció Capurro y descontó con un impresionante zurdazo desde afuera del área que se clavó en el ángulo superior izquierdo. Y en el segundo minuto del tiempo adicionado, el ingresado Prediger soltó la pierna derecha desde 25 metros de distancia e incrustó la pelota en el ángulo derecho. De no creer.
A Colón le bastó con esas dos maniobras aisladas, casi salidas de otro partido, para amargar a River y llevarse un premio exagerado. Porque todo había sido del local, que encaró el encuentro con entusiasmo y determinación, con ganas de iniciar un camino que reconvierta al Monumental en el escenario de epopeyas que fue en tiempos no tan lejanos y destierre esa suerte de gólgota en que devino el año pasado. Basta recordar la eliminación de la Copa Libertadores a manos de San Lorenzo, la jornada del maíz ante Gimnasia, la derrota en el superclásico que rumbeó a Boca al título y esos últimos ocho partidos sin ganar en casa que derivaron en un inédito último puesto y la consumación de la peor campaña de la historia del club.
River no había hecho mal los deberes. Con la contribución de un Colón superpoblado de volantes que no hacían pie y les costaba horrores cruzar la mitad de la cancha, el equipo de Gorosito empujó con las escaladas de Ferrari, la movilidad de Buonanotte y la movilidad de Falcao, aunque se nublaba en los metros de la verdad y por eso la visita no pasaba demasiados sofocones.
Aquellos que los locales no pudieron encontrar por abajo, llegó por arriba. Cabral apareció sin marcas a la salida de un tiro de esquina y metió el frentazo goleador. Y un rato después, Augusto Fernández hizo una diagonal con pelota dominada y le metió un pase al vacío a Rosales, quien enfrentó al arquero y le cedió el gol a Falcao.
Con la ventaja, River ganó en confianza para desplazarse y jugar por abajo, ayudado por la superioridad numérica que tuvo tras la expulsión del paraguayo Aguilar (le cometió una violenta infracción a Buonanotte, quien le había hecho un caño lujoso). Colón no llegaba y la pelota siempre rodaba lejos de Fuertes, su hombre más peligroso. Hasta que Capurro y Prediger, sendos volantes centrales, se disfrazaron de héroes cuando pocos lo esperaban y River se fue masticando bronca, una vez más.
Texto y foto www.tycsports.com

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