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domingo, 24 de agosto de 2008

Racing 1 Independiente 1

La Academia controló el partido y se perdió goles increíbles. El Rojo se puso en ventaja a través de Montenegro, pero después se metió muy atrás y Sosa, en el minuto final del tiempo reglamentario, igualó el encuentro. El local sufrió más de la cuenta, pero terminó festejando.

Esta vez, el clásico de Avellaneda sí que tuvo todos los condimentos de un clásico. Hubo nervios, peleas, sufrimiento y emociones en los dos lados de la cancha. Racing jugó un gran partido pero volvió a sufrir por las ocasiones desperdiciadas, e Independiente tuvo una vez más los tres puntos servidos pero los dejó escapar por el planteo mezquino que propuso, especialmente en los minutos finales del encuentro, donde el local alcanzó la igualdad agónica por intermedio de Franco Sosa, el héroe de la tarde.
Todo en el primer tiempo fue para la Academia. Todo menos el gol. El conjunto de Juan Manuel Llop manejó la pelota, jugó de manera asociada y llegó con peligro en varias oportunidades al arco de Fabián Assmann. El Rojo no hizo nada. No hizo nada porque mostró fisuras en su defensa y porque en ataque nunca pudo inquietar al rival, pero hizo el gol. A los 40 minutos, con algo de fortuna y con algo de complicidad de Pablo Migliore, Daniel Montenegro encontró un rebote y mandó la pelota al fondo del arco.
El resultado era muy injusto porque el local había hecho todo el desgaste. Pero en el fútbol los méritos no cuentan, y menos en estos clásicos. Y cuando Racing tuvo que meterla no lo hizo. Pablo Lugüercio contó con dos ocasiones clarísimas: en la primera, estrelló su cabezazo en el travesaño; en la segunda –en el borde del área chica y sin arquero- mandó la pelota al lado del palo.
El complemento cayó en intensidad y se emparejó. Con muchos nervios y con Maxi Moralez disminuido físicamente, la Academia dejó de jugar por abajo y recurrió al pelotazo. Así, les simplificó la tarea a los defensores de Independiente. De todas maneras, el local tuvo mucha actitud para ir a buscar el resultado a pesar de la adversidad. Claudio Yacob, el mejor de la cancha, se comió el mediocampo él solo.
El Rojo fue muy tibio. Transmitió poco y terminó jugando sin delanteros, ya que Claudio Borghi sacó a Darío Gandín, a Federico Higuaín y a Leonel Núñez y metió gente en el mediocampo. El visitante se resguardó muy atrás y, de esta manera, permitió que el rival lo empuje contra su propio arco.
La hinchada de Racing, a pesar de estar casi resignada ante una nueva derrota (hubiese sido la tercera consecutiva) continuó alentando. A los 44 minutos, un centro cruzado que peinó Juan Sánchez Sotelo dejó a contrapierna a toda la defensa de Independiente. Sosa entró solo por el segundo palo y fusiló a quemarropa a Fabián Assmann. La gente del Rojo, y también los jugadores, no podían creer como se les escapaba de las manos una victoria que les había caído del cielo y que parecía segura. Hubo mucha calentura en la mitad de Avellaneda; la otra mitad lo festejó como una victoria.
Texto y foto www.tycsports.com

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