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viernes, 1 de febrero de 2008

Olmedo 1 Lanus 0

La altura es un bicho raro, mañoso, con un humor volátil. O te deja sin aire, o te nubla la lucidez, o te complica la vida con una pelota que viborea, pica para cualquier lado y viaja tanto que para dar un pase de un metro y medio apenas hay que soplarla. Lanús sufrió esto último. Los 2.700 metros y pico de Riobamba no quitan tanto las piernas, pero el campeón argentino estuvo toda la noche tratando de hacer que la pelota se amigara con los pies de sus jugadores, que tan bien la dominan en el llano. Pero no hubo caso. Lanús sin el balón no es Lanús, es un equipo como el resto, que podrá cazar o ser cazado. Sin pelota, el Granate no puede decidir cuándo jugar corto y rápido o largo y a cargar. Cuándo Valeri acelera con Acosta y Blanco o cuándo busca a Sand y su aguante. No hay dudas de que el equipo de Cabrero tiene más juego que este Olmedo voluntarioso, y habrá que ver si los nervios lo dejan demostrarlo en la revancha. Ayer, ganó la astucia del local para imponer el juego que manda sobre el nivel del mar: apostar a las bandas para desbordar, patear de lejos, aguantar y esperar a que el cansancio haga lo suyo en los últimos minutos. En el primer tiempo, sin embargo, el visitante tuvo algunos minutos de lucidez ofensiva. La precisión le apareció en cuentagotas, pero le alcanzó para generar algunas situaciones muy claras: un bochazo de 35 metros de Quintana (quizá el único pase largo que salió perfecto) encontró a Valeri solito en la izquierda, su centro de gol no le llegó a Sand por centímetros. O cuando el mismo Valeri armó una pared con Blanco y su zurdazo se fue muy cerquita. Lanús se fue al entretiempo con la sensación de que el trámite estaba en sus pies, y era cierto. Olmedo había generado algunas situaciones hijas de la pelota parada o los tiros desde lejos, su libreto conocido, aunque peligroso. El problema fue que luego del descanso se acentuó la imprecisión del visitante, que comenzó a sentir como un freno de mano se apoderaba lentamente de la dinámica, su otro capital futbolero. Bossio tuvo una salvada milagrosa ante un testazo de Antonelli, y en la jugada siguiente Valeri salvó por segunda vez en la línea (tuvo otra en el PT). Lanús no tenía ni contraataque, y en un instante que quedó con 10 por calambre de Acosta, Velázquez perdió por velocidad con Quiñones y el punta le hizo un agujero a Bossio. El Grana tuvo un par de chances más: una peinada de Sand y una estirada de Lagos, quien no llegó por petiso. La altura, quedó dicho, es un bicho raro.
Fuente : www.ole.clarin.com
Foto : www.ole.clarin.com

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