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sábado, 17 de mayo de 2008

Estudiantes (LP) 2 Gimnasia (LP) 1

Iban 1-1 y los de Sensini jugaban con dos hombres menos, pero igual encontraron la diferencia y luego la defendieron con alma y vida. Maggiolo, autor de dos goles, fue el héroe del León, que se mantiene firme en la punta. Domínguez, quien antes había errado un penal, hizo el gol de Gimnasia, que terminó con nueve.

Las hazañas, resultantes de realizar lo que en apariencia es imposible, rara vez tienen una explicación sustentable. Difícil comprender cómo San Lorenzo resucitó ante River, hace 10 días. Y difícil también hallar razones futbolísticas en esta victoria de Estudiantes ante Gimnasia. No hay motivos que puedan escaparle al terreno del heroísmo, lo épico, lo inolvidable. Ya era un partidazo cuando estaban 1-1 y el cuadro de Sensini se quedó con nueve hombres. Lo que siguió fue decididamente memorable: Estudiantes se sobrepuso a todo y se llevó un triunfo para la historia, un logro que además de sostenerlo como líder del campeonato puede favorecerlo con un impacto anímico decisivo de cara a la recta final.
Todo lo que tenga que ver con lo futbolístico puede subrayarse antes de ese punto de inflexión que fue el segundo gol visitante. La realidad de ambos no tardó en manifestarse sobre la cancha. Estudiantes, firme aspirante a repetir el título de 2006, es mucho más equipo que Gimnasia, doliente costumbrista de decepciones en el último tiempo y seriamente comprometido con el promedio a partir de la próxima temporada. Y fueron más los de Sensini, en efecto. Por peso específico de sus individualidades en función del aspecto colectivo. Estudiantes tiene a Verón, pero Leandro Benítez acompaña muy bien y hay otros, como Maggiolo, en un gran momento. En cambio, si no aparece Ignacio Piatti, Gimnasia se queda sin fútbol. Y así fue. Benítez clausuró el sector de la figura local y ni Villar ni Cuevas fueron solución. Alonso fue condenado al aislamiento y así Estudiantes resolvió gran parte del problema.
Pero Benítez también jugaba. Se asociaba con Verón y la visita sacaba crédito en esa combinación. Estudiantes era incisivo, también había buenos encuentros entre Lugüercio y Maggiolo, y el León ya era superior cuando se puso en ventaja con la fórmula que repetiría después para el segundo grito. Centro preciso del Chino, cabezazo goleador de Lechuga.
Sin luces, pero con vergüenza deportiva, Gimnasia fue por el empate. No creó, pero empujó y tuvo premio: un remate de Cuevas que portaba destino de gol fue detenido por Angeleri con la mano, Bassi (tuvo una buena actuación en un duelo caliente) cobró penal y echó al defensor de Estudiantes. Federico Domínguez se hizo cargo de la pena, pero fue sin convicción y su débil remate se fue desviado. Fue una señal para los dos.
Obligado por la desventaja en el marcador y con un plus de responsabilidad por tener superioridad numérica, Gimnasia se mantuvo en un rol protagónico durante el segundo tiempo, pero no logró sacar provecho de ese hombre de más. Igual machacó a pelotazo limpio el área de Estudiantes y así alcanzó al empate. Fue la revancha de Domínguez, quien venció a Andújar con un sobrio cabezazo.
Enseguida, Braña cometió una infracción que le costó la segunda tarjeta amarilla y la consecuente expulsión. Y Gimnasia ganó aún más viento a favor. Sin embargo, Estudiantes revivió en la pelota parada, ésa instancia que no mide cuántos hombres tiene cada uno y cómo juegan. Gran ejecución de Benítez, la rozó Maggiolo con la cabeza y fue el 2-1.
El líder se desahogó y la impotencia se apoderó automáticamente de Gimnasia. El tramo final fue gobernado por los estados anímicos. Estudiantes hasta se dio el lujo de evitar todo tipo de sobresaltos. El local empezó a perder jugadores (fueron expulsados los ingresados Neira y Salvatierra) por reacciones infantiles y el resultado no se movió. La gloria fue toda de Estudiantes, que escribió otra épica página en la historia del clásico.
Herramientas
Texto y foto http://www.tycsports.com/

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